RECUPERAR EL BAUTISMO
Despierta tu conciencia de bautizado en el nombre de Cristo.
Estamos en el inicio del tercer milenio. La mente de cada hombre y de cada mujer se encuentra alborotada. Son muchas las prisas en las que vivimos y excesivos los datos que metemos entre ceja y ceja. Un excesivo cúmulo de información que no se procesa, que no se asume con garantía, que se acumula, que no llega al corazón, y que no ilumina la vida humana, sino que la esclaviza, la vuelve del revés, y la oscurece, es el resultado de esta experiencia, novedosa y joven para el ser humano, de verse inmerso entre tanta y tan barata y diaria información. Estamos todos paralizados como consecuencia de los datos que nos asaltan cada mañana y cada tarde, y que nos hacen vivir de hurtadillas, sin poder reposar siquiera un momento, además de sentirnos acosados por tanta contradicción, por tanta contrariedad, por tanta negatividad y tanta violencia. Pero pareciera que estamos condenados de por vida a vivir en esta realidad anónima, virtual, al margen de la naturaleza y de las relaciones de amistad y de amor, lejos del pensamiento ordenado y del alivio de una vida espontánea y libre. Vivimos esclavos de un sistema que nos maneja sin que nosotros sepamos cómo ni de qué manera. Se nos coacciona y se nos obliga a-vivir estresados y divididos, fragmentados y en el puro sin sentido.
Las Hermandades de Colmenar Viejo están intentando abrir un frente novedoso: recuperar la conciencia de bautizados de sus miembros, la conciencia de ser hijos e hijas de Dios, y permitirse el lujo, en estos tiempos, de disfrutar de este hecho maravilloso; de poder encontrar espacios para orar, para comunicarse con Dios y entre ellos mismos, de experimentar lo que significa la hermandad y la fraternidad, palabras olvidadas en estos tiempos de individualismo y de vida solitaria y aislada.
Llega la Semana Santa, y los hermanos y hermanas de las Hermandades que salen en procesión por las calles de nuestro pueblo, se preparan para vivir unos días llenos de pensamientos nobles, de encuentros, de oraciones, de celebraciones, de vida comunitaria, de caminatas, de representaciones, de convivencia fraterna, de hermandad, de amor mutuo, de respiro, de mesas comunes, de olvido de las historias que nos oprimen y destrozan, de recuperación de lo esencial, de contemplación y mirada limpia.
En estos días, y deseamos que esto sea todos los días, nos acercamos de nuevo a la Pascua, a la renovación de la conciencia bautismal, a ser y sabernos hijos e hijas amados del Padre Dios. Lo celebraremos, aunque algunos cristianos ya lo han olvidado, en la Vigilia Pascual de la noche luminosa del Sábado Santo, primera luna de primavera. El agua bautismal nos purificará el corazón y nos hará sentir la cercanía del resucitado: "Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré".
Antonio García Rubio |
¿POR QUÉ O CÓMO SE FORMA UNA HERMANDAD RELIGIOSA?
Todo comienza por tener una devoción especial por el seguimiento a nuestro Señor Jesucristo, por la cercanía al calor de la Virgen María en sus diferentes advocaciones, o por el acopio de gracia que recibimos de los Santos y Santas de la Iglesia.
El primer paso nace en la propia Parroquia, bien por iniciativa del párroco, de los sacerdotes, o de algún grupo de fieles que coinciden en la misma devoción Esta se manifiesta de muy diversas formas. Pondremos el ejemplo de nuestra Parroquia, con las diferentes Hermandades "que existen al día de hoy: Las Hermandades de Remedios, Nazareno, Soledad, San Isidro, Cristo Joven, etc.
La creación de una Hermandad viene propiciada, pues, por un grupo de fieles que, con su devoción y vida cristiana, quiere manifestar más profundamente sus sentimientos, honrando, glorificando y siguiendo a Jesús, a la Virgen María o alguno de los Santos. En una primera reunión, lo normal es que se hable de los motivos por los que se quiere crear una Hermandad, y de los fines que se pretende conseguir con ella. Una vez que se decide ir adelante con el proyecto de su fundación, se da un nuevo paso: la creación de una Comisión Gestora, cuya misión será, siempre que el número de hermanos sea superior a cien, la de redactar unos Estatutos; a la vez, empezará a trabajar con entusiasmo para acrecentar la vida espiritual de los hermanos y para darse a conocer y mostrar el proyecto a cuantas más personas mejor.
Durante el primer periodo, pues, se redacta un borrador de Estatutos, por el que se regirá el funcionamiento inicial de la Hermandad. También se irán uniendo al proyecto más y más hermanos, que, a su vez, irán aportando sus ideas e intuiciones, hasta que por parte de la Comisión Gestora, se convoque la Primera Asamblea General Constituyente en la que en el contenido del orden del día de ésta se llevará la aprobación, en su caso, y si se dan las condiciones idóneas, de la propuesta de dichos Estatutos para presentar a su aprobación al obispo diocesano; y, en la misma reunión, la Elección de una primera Junta Directiva provisional, que será la encargada de sustituir a la Comisión Gestora. La primera misión de esta Junta será la de consolidar el nuevo Proyecto, porque si es difícil empezar, mucho más difícil es consolidar y luego mantener la ilusión, tanto de los hermanos que empiezan al principio, como los que se van uniendo progresivamente.
Cada Hermandad tiene su propia identidad, por lo que de una forma o de otra, todas ponen su mejor voluntad en sacar adelante sus ideas y proyectos. Todas han de ser respetadas de igual manera, tengan más o menos hermanos, o guste más o menos su forma concreta de caminar, porque, al final, todas están" unidas por un sentimiento comunitario y fraterno, suscitado en todos nosotros por el Señor Jesús.
Solo deseo animar a todos los cristianos a que se unan a uno de los doce proyectos de Hermandades con los que cuenta la Parroquia de la Asunción, con aquel con el que cada cuál se identifique más, y esté más en consonancia con su devoción. Así continuaremos todos creando Hermandad.
Braulio Matellano Martín |
LA CAPILLA DE SANTA ANA
Una puerta abierta al pasado de Colmenar Viejo.
La portada de la capilla de Santa Ana, en la calle de la Feria, es uno de los testimonios más destacados del renacimiento en Colmenar Viejo. Su arquitectura, de carácter sobrio y únicamente resaltado por la moldura del alfiz que enmarca al conjunto escultórico de Santa Ana, la Virgen y el Niño, una copia de su original, responde a las pautas establecidas por su fundador, Juan González del Real, perteneciente a una familia acomodada, que llegó a ser capellán de los Reyes Católicos y del tercer Duque del Infantado. Poco antes de su muerte, acaecida en 1530, fundó la capilla para su culto privado y el de sus padres, además de un hospital para "los pobres de Jesucristo Nuestro Señor", que se encontraba de inmediato a la misma.
Cruzar la portada de la capilla es encaminarse hacia los tiempos pretéritos de Colmenar Viejo, según han puesto de manifiesto las intervenciones arqueológicas practicadas en el subsuelo de la capilla y del patio, donde se recogieron una rica muestra de materiales con predominio de los pequeños fragmentos cerámicos. Se trata de los restos de los pucheros y de vajilla más cuidada que nuestros antepasados utilizaron para el servicio de mesa: platos, escudillas, cuencos, fuentes, etc., de aspecto muy cuidado, denominado por los arqueólogos "cerámica gótico-mudéjar", por sus formas y elementos decorativos, que demuestran su uso desde finales de la Baja Edad Media y a lo largo del primer tercio del sislo XVI.
Además, entre todo este material revuelto, destacan también las fichas de juego, de varios tamaños, materiales y colores, que nos explican algunos de los pasatiempos y momentos de ocio de los colmenareños. También, otra serie de aspectos relacionados con sus actividades profesionales, ya que es muy posible que nos encontremos ante las inmediaciones del taller cerámico más antiguo de algunos de ellos, se utilizaron posteriormente, según ha podido observarse con un metatarsiano de vaca pulido, como soporte en la tarea de la rectificación del filo de hoces. Cruzar esta portada puede resultar tan sorprendente como emocionante, porque, incluso, puede llevarnos hasta los tiempos prehistóricos, ya que también hay que anotar el hallazgo de varios fragmentos de lascas y láminas de sílex, sobresaliendo uno de ellos, posiblemente como útil para la siega, utilizado hace más de 3.500 años, lo que nos sitúa ante los testimonios más antiguos de la población en el actual casco urbano de esta localidad. Por último, nos queda el aspecto funerario de este espacio, con un depósito también sencillo, identificándose con el mismo sentido dado a la propia capilla y portada, tal y como se dijo.
Un depósito con unos restos óseos que han aportado claves sobre algunos de los problemas físicos de su fundador, Juan González del Real, pero, también intrigante, porque se han hallado otros dos individuos más, sin estudiar, cuando la historia y la tradición nos habían informado de un único enterramiento.
En definitiva, la portada de la capilla de Santa Ana nos encamina hacia una parte recóndita de este pueblo,
repleta de restos materiales que nos aportan una valiosa información sobre el pasado de Colmenar Viejo.
Femando Colmenarejo García |
El presente escrito esta redactado por Don Alfredo Ruiz Ledesma, hermano de padre de Don Agustín Ruiz, párroco de Colmenar Viejo, a partir del año 1912. Fue mantenido por Doña Victoria Ruiz Femenia, hija de Don Alfredo. Y nos lo ha hecho llegar, con suma amabilidad, su familiar Don Alberto Peñalver Saiz, a quien se lo agradecemos de todo corazón. Don Alfredo, a la edad de doce años, ayuda a su hermano Don Agustín, como monaguillo, en la misa de su toma de posesión, en el año 1912, como párroco de la Asunción de Nuestra Señora de Colmenar Viejo.
DON AGUSTÍN RUIZ VILLARUBIA
(El Cura de Colmenar*)
Si tienes avanzada edad, lector colmenareño, le habrás conocido y si eres joven aún, habrás oído a tus padres alguna referencia de esa gran figura humana, de entre las que el Supremo Hacedor suele enviar al mundo, para mostrarnos su propia presencia, manifestada en la bondad, en el amor a los humanos y en la conquista de las almas, como fruto de la redención del genero humano, por su hijo, en la cruz de entrega al Padre.
Pasó don Agustín por la tierra, sembrando el bien, como Jesucristo quiere y quienes tuvieron la dicha de convivir su ambiente, viéronse ayudados en su personal acercamiento al Todopoderoso, por su constante ejemplaridad, con la siembra del amor, en todos los actos de su no larga vida, cualquiera que fuere el sitio por donde pasare, bondad, sencillez, humildad y sacrificio por los demás.
Elevaba sus plegarias sacerdotales por primera vez allá por el año 1902 y en el Seminario de Madrid-Alcalá había sido nombrado ya profesor y mayordomo, con anterioridad a su terminación de la carrera eclesiástica; a la vez que ayudaba en su formación a los futuros sacerdotes, iba acercándose al Divino Maestro, con la entrega a los demás y aún le quedaba tiempo, una vez terminada la carrera, para actuar como capellán de las Servitas de San Bernardino, hasta que en 1912 vino a Colmenar como Ecónomo, en ayuda del entonces Párroco Arcipreste, Sr. Valero ya en deplorable estado de salud.
Ya en Colmenar
Fue en el año 1 913 cuando ocupó tal cargo en propiedad, al que dedicaría el empuje de la juventud de sus 33 años y serían doce los que permaneció en nuestro pueblo, suficientes para ganarse el cariño de los colmenareños, que no le olvidarían jamás, si le habían conocido, infatigable siempre en su quehacer constante de cura de almas.
Mucho podría hablarse de aquél Párroco, cuya misión especial entendía debía ser la de aliviar y rectificar anormales situaciones en cuantas familias lo necesitasen, acercar matrimonios desavenidos y reforzar los sentimientos familiares, como básico de toda sociedad cristiana, esforzándose asimismo en la formación religiosa de cuantos a su alcance estuvieren, incluso de los más apartados de la Iglesia, respecto a los cuales, con su sencillez y acercamiento de simpatía iba conquistando día a día; si el primero era de correctísimo saludo el segundo sería de aproximación agradable y no pasarían muchos encuentros, sin que aquel republicano de entonces, dijera con noble sencillez: "que simpático es el cura"; habíase iniciado ya su conquista hacia el lado del Señor.
Hecho destacado
Merece recordarse en estas reducidas líneas aquel episodio, así podríamos llamarlo, de una tarde de crudo invierno, en la que el pueblo de Colmenar Viejo vio su tranquilidad turbada con la detención de unos pobrecitos campesinos que necesitando llevar algo de calor a los suyos o, acaso, la obtención de algún fruto económico para el sustento familiar, fueron sorprendidos por la Guardia Civil, cuando cargaban en sus borriquillos unos troncos de leña; ¡a fuerza pública tenía que cumplir con su deber, pero en esta ocasión fueron muchos los colmenareños que, circunstancialmente acaso por considerar en parte disculpable la delincuencia habida, exigían airadamente la libertad de sus conciudadanos.
Y tal estado de excitación llevaríales a enfrentarse con la autoridad, armados de garrotes, como de utensilios punzantes y piedras, decididos a todo, en enorme masa de pueblo; frente a ellos, ya en la Plaza del Ayuntamiento, preparados se encontraban para el enfrentamiento violento tres o cuatro parejas de la Guardia Civil, tras de sus caballos y ante la fachada del domicilio de doña Prudencia Bañuelos, decididos a repeler la inconsciente agresión, apuntando a la masa en aquel inminente como brutal encuentro, que podría sembrar el luto del pueblo.
El momento era difícil, ¿quién podía evitar ese inmediato duelo entre la fuerza armada y el pueblo casi ciego, acuciado por la elevada cifra de sus componentes? Alguien de los presentes, con certera visión, pensó en don Agustín y buscado con rapidez fue encontrado en la "carretera del Hoyo", donde encontrábase con don Florentino, coadjutor de la Parroquia, en tranquilo paseo del atardecer del día; rápidamente informado, llegaba el Párroco enseguida al lugar de la ya casi irremediable tragedia.
Sin embargo, para don Agustín, con su personalidad de prestigio tan intensamente logrado, fácil era la solución; puesto con los brazos en cruz ante la Guardia Civil diríales: "si están dispuestos a disparar, háganlo de una vez, pero sea yo el primero en caer", semejante actitud serviría para calmar a los contendientes y acercándose después al pueblo amonestaríales: "¿qué es lo que vais a hacer insensatos, ocasionar la muerte de unos cuantos?" y con tan sencilla reprimenda de padre de familia arreglóse el conflicto. Ese era don Agustín.
El Asilo
Soñaba como buen padre de almas, en la felicidad de sus hijos y en la Hoja Parroquial del 1 6 de Julio de 191 6, daba cuenta de aquel, su último sueño, que podría hacerse realidad si el pueblo le ayudaba; aquellos pobrecitos ancianos, cuya miseria mostraban en sus últimos años, carentes de ¡as atenciones de la justicia social de nuestros días y casi siempre, como estorbo en su familia, agrupados en su medio centenar aproximado de puerta en puerta recogían los dos centimillos, que por cabeza les eran entregados por los acomodados del pueblo, una vez a la semana, ayuda en parte de su peso a la respectiva familia; era el premio que recibían de la sociedad de entonces, al trabajo sin horario de toda su vida.
Ese bendito sueño, cuya idea fue desarrollándose en sucesivas hojas parroquiales, consistía en la creación del Asilo que a los mencionados pobres les ofrecería, tranquilidad y cariño de las monjitas que lo rigieran y del que tan necesitados se encontraban; fueron las colectas parroquiales y el batallar constante con la pluma y el consejo durante dos años y ¡al fin! colocaríase la primera piedra del entonces Asilo, hoy convertido en Residencia que levantóse frente a la Ermita de la Soledad, sobre terrenos donados por don Sebastián Bollaín.
Recordamos la gran alegría y entusiasmo del pueblo allí congregado cuando el Obispo, doctor Melo y el Alcalde, bendecía la colocación de la citada primera piedra, para seguidamente, aunque con la lentitud propia de la escasez de medios económicos, ir levantando el edificio e incluso ser modestísimamente inaugurado, pero el traslado de don Agustín, por expreso deseo del señor Obispo, para Nevar una parroquia de Madrid, fue debilitando el curso de la no terminada obra y en estado ruinoso se encontraba, cuando el empuje relativamente reciente de nuevas autoridades parroquiales, hizo realidad aquel bendito sueño, tras su reedificación que la convertiría en la Residencia actual.
Su afán investigador
Interesante es asimismo relatar que en los primeros años de su permanencia en Colmenar como Párroco Arcipreste, es decir, muy anteriormente a los hechos expuestos, cuando en meticuloso estudio de la imagen de Nuestra Señora de los Remedios, encontrando algo anormal en la misma, buscó la cooperación y ayuda del escultor religioso Sr. Granda, hasta lograr encontrar oculta, bajo unas bien colocadas tablas, la verdadera imagen que hoy contemplamos con gran orgullo, como una de las tres joyas similares del siglo XIII que existen en España de incalculable valor.
Pues bien, aquel espectacular descubrimiento llevaríale a don Agustín a sentir el gran disgusto de su vida; sentíanse indignados muchos de sus feligreses, que con muestras de desagrado, llegaron algunos de los mismos a manifestar públicamente que les habían cambiado su virgen; fácilmente comparable su actuación, bien valiosa, impúsose al fin, el buen sentido y aclarándose el descubrimiento habido, alegróse el ambiente de Colmenar que sentíase ya orgulloso del arte y riqueza de su autentica imagen de ¡a Virgen de los Remedios.
¿Cómo expresar entonces el agradecimiento a don Agustín?. Aunque realizado con mucho retraso, bastantes años después de su muerte, nada más sencillo que hacer historia de aquel acontecimiento, mostrando a las nuevas generaciones, al descubridor de la imagen, oculta sin duda con la mejor intención y realizado acaso en momentos difíciles de aquellos pasados siglos, una modestísima plaqueta de mármol, como la sencillez del homenajeado exigía, fue colocada en lugar destacado de un lateral de la capilla, con el oportuno conocimiento y beneplácito entusiasta del Sr. Arzobispo don Casimiro Morcillo, aunque incomprensiblemente retirada al efectuar la transformación brillante de la Ermita.
Vuelve a Madrid
A los doce años de su permanencia en Colmenar era nombrado don Agustín, párroco de los Santos Justo y Pastor con su mayor contrariedad, así expresada a la Superioridad, por cesar en el pueblo donde se cortaba su labor continuada, aunque desde Madrid, seguiría sirviendo a antiguos feligreses de Colmenar; buena prueba de ello es que la enfermedad que le llevó a Dios, la adquirió en el domicilio de un enfermo colmenareño, residente en la capital, al que frecuentemente asistía.
De su actuación como párroco de Madrid, que fue a no mucho tardar, Abad del Cabildo Parroquial, dice suficientemente que a su fallecimiento, la exposición de su cadáver en el salón de actos de la juventud de Santos Justo y Pastor fue de ininterrumpida visita de los feligreses durante 24 horas que, en muchos casos, obteniendo reliquias de su vestido y hasta besando el cadáver lloraban desconsoladamente su muerte; había sido el formador de los jóvenes y el visitador de los enfermos, misiones ambas, que a nadie cedía en su mandato parroquial, como más importantes en la vida del cristiano.
Hecho que revela humildad
Merece mencionarse en esta modesta enumeración de actos conocidos en su ejemplar vida, el referido con gran emoción por el sacerdote coadjutor de la parroquia que don Agustín tomó parte en el mismo.
Día laborable, había pasado ya la hora de comenzar la misa de don Ubaldo, quien al parecer en la sacristía, ante las palabras del párroco, algo nerviosas, por la intranquilidad del difícil momento de espera en los oyentes de la misa y acaso por la confianza entre ambos, a la débil reprimenda, reaccionaba el coadjutor que lo refiere, con soberbia humana diciendo: "a tus palabras así contesto yo" y tomaba seguidamente un sorbo de agua del grifo de la sacristía que imposibilitaba ya la celebración eucarística, en aquella época. El arrepentimiento inmediato y temor, me decía don Ubaldo, a la obligada repulsa de don Agustín, inundaban mi alma de emoción y cuando esperaba la fuerte censura de mi proceder, era así la respuesta de aquel ser excepcional: "Ubaldo, ya no tiene remedio, saldré a disculparte y después, te ruego vayas al confesionario pues necesito confesar". Fue para mi la más fuerte respuesta que podía haber recibido; el mundo se abría a mis pies y pensaba que era el propio Dios quien, en aquellas palabras, me había respondido.
Su último viaje a Colmenar
La ya mencionada muerte de don Agustín, se había producido el 5 de febrero de 1935, siendo acontecimiento triste en la Capital. "El Debate", importante diario de entonces, encabezaba una columna de su primera página así: "Ha muerto el apóstol de los pobres" y era conocida tal denominación entre sus feligreses y barriada toda; dio lugar su entierro, con recia muchedumbre de acompañantes, a fuerte corte de circulación en la calle de San Bernardo camino de Colmenar, donde por voluntad expresa tenía pedido reposo para su cuerpo y en la capilla del cementerio de nuestro pueblo, fue enterrado por acuerdo unánime de autoridades y pueblo, mientras se solucionaban las dificultades de realizarlo en la Iglesia Parroquial que era donde pedía el pueblo.
También dejaba excelente recuerdo en su pueblo natal, Yuncler de la Sagra (Toledo), donde por conocerle bien, no le faltó tampoco el homenaje de sus paisanos, que le dedicaron la calle donde había nacido.
Llegó a conocerse, tras de su muerte, la preconización como Obispo, que al parecer figuraba acordado y no han faltado rumores, hasta cierto punto autorizados, de iniciación de expediente de beatificación, que de ser ciertos, sólo el transcurrir de los años nos dirá si la Iglesia le concede tal honor; que muchas personas se encomiendan a él, es cosa cierta, como lo es también que en el mundo quedó, una gran estela de su vida humana y sacerdotal.
Colmenar Viejo, Marzo de 1976
Alfredo Ruiz Ledesma (1902-1994),
hermano de don Agustín.
* De 1912a 1924
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